Escena: viajando en el N5 en negro.
Me encanta el bus nocturno. Me encantan la nieve, el Café Moscú, el Cine Internacional, el desconcertante plan urbanístico del Alex, los luminosos: Jet Foto, Apotheke, Hugo Boss, Sparkasse, los semáforos...
Tras media hora de espera entre dos carteleras de cine y dándole pena al camarero del Café Cinema mientras me refugiaba bajo su dintel, y una vez desechada la idea de caminar hora y pico bajo la lluvia, por fín llega el N8, y entro de nuevo con un ticket de metro antiguo, probablemente como algún que otro pasajero.
Escuchando Wrap your troubles in dreams (germanic monotone-tastic vocal style) y pensando en las fotos que ví de ella. Ella pidiendo una currywurst, ella saliendo de un café, ella con capucha sentada en el sofá junto a una amiga, ella enseñando orgullosa una bolsa como la mía, ella comiendo una hamburguesa, ella recibiendo un corte de pelo, ella en su cocina dándole a él la mano... tuve suficiente con ver las pruebas de contacto; no me llevé ningún negativo para ampliar. Me he reconciliado con su imagen, aunque tenga aún el nudo en la garganta.
Al salir del N5 la lluvia se ha convertido en nieve. Para entrar en el N7 especial aeropuerto hay control en la puerta. Decido correr toda la Weserstr. hacia casa, escuchando a Gary Numan, con el foulard empapado de nieve en la mano. Las calles están aún vírgenes; puedo correr sobre la nieve esponjosa antes de que nadie la haya pisado.
A dormir ya. Mañana a las nueve de la mañana te vas a enterar cuando enchufe el aspirador.