No levanto la vista del libro en todo el trayecto. Llego -resbalándome todo el camino- a la Hamburger Bahnhof y los espasmos/estímulos estéticos no tardan en venir.
De toda la Kunst ist super! realmente me conmovieron:
Marcel Broodthaers, Un jardin d'hiver. 1974

Roadney Graham, Rheinmetall / Victoria 8. 2003
Gordon Matta-Clark, Splitting. 1974
También The knife de Goldstein y alguna que otra de Roman Signer en los noventa, de quien ya tuve un muy satisfactorio empacho dos años atrás.
Por contra aborrezco hoy la chatarra conceptual de Dieter Roth, Beuys... ay pero no, luego veo Filz tv y le vuelvo a querer.
Ay, los museos de arte contemporáneo... siempre tan masturbativos. Espejos por todos lados. Qué trilladitos que están. Dejádselos a Warhol y dejad de abusar del dichoso cristalito. ¿Pero es que no os dáis cuenta de que la gente solo se para a corregirse el colorete ante vuestras obras?. Me quedo con las obras de los setenta, las disfruté mucho; todas tenían una gran sensibilidad poética de lo objetual.
Aburrida del arte de hoy-ahora; no hay chispa, solo grandes formatos. Lo que sea pero en gran formato. Pensaba que la arquitectura fascista estaba out...
No me dió tiempo a ver las salas finales, mientras echaba un vistazo rápido a Someone else with my fingerprints cuando escuchaba a intervalos "Stopp!", "Stopp!". Seis menos diez. La guarda de las SS disfrutaba de lo lindo largando a los turistas franceses. Oh no, señora, no pienso contribuir a su fascista goce sexual. Entonces cometí la insolencia de dar un rodeo, pasar por delante suya sin hacer apenas el amago de entrar en la última sala y dirigirme a la salida contoneándome. Ya puedo yo solita, vea, y con estilo.
Caminé mucho, muchísimo. Hasta la ísla de los museos. Justo lo que me hacía falta, consumir energía, desafiar al clima y rodearme de grandeza. Volví al museo de estatuaria neoclásica (me apetecía templanza aunque fuera impostada) y señores patilludos a los que bien me gustaría sacar del cuadro.
E. me preparó una cena deliciosa, manjaresca. Qué felíz me hace la comida rica. Y fuimos a bailar y a beber y a besar. ¡Cuánto tiempo!.
Franz Gertsch, Barbara und Gaby. 1974
De alguna manera alguien ha debido hacerme un morado al agarrarme con fuerza anoche. Es pequeño, bonito. Me recuerda que estoy más viva que nunca.