domingo, 10 de enero de 2010

Sophie, esa irlandesa un poco loca y pornógrafa, me preguntó anoche sobre cómo fué mi verano, cómo me siento; qué es lo que me inspira últimamente. Y sobre esto último le contesté con sinceridad: flores, libros viejos y pasear, sin miedo a parecer aburrida. A lo que contestó: "¡Querida, eres Virginia Wolf!", y me hizo muchísima gracia. Y a raíz de eso hablamos de Orlan y de cirugía estética.
Para acabar comiendo en un Imbiss con B. y pensar en ir juntos a Halberstadt para cuando el órgano que reproduce la melodía más lenta de John Cage (y del mundo) cambie de nota. Esa cena tardía nunca tuvo sentido. Porque no tenía hambre y porque a B. sólo le intereso ahora como intermediaria. Me fuí a la cama sintiéndome ridícula. Y me levanté con buen tono de piel y acordándome de lo que me dijo Sophie al despedirse: "¡Cariño, hueles deliciosa!".